Descripción
La evangelización que acompañó a la Conquista no sólo fue una labor doctrinaria; antes bien, exigió aglutinar a los naturales, que a menudo vivían en zonas de difícil acceso y muy alejadas entre sí. Al congregarlos, se trataba de facilitar la imposición de la nueva fe, las nuevas formas de convivencia, la producción de riqueza y el pago del tributo. Para ello, el clero y los funcionarios de la Corona establecieron vínculos con los conquistados en un largo proceso en el cual -a su vez- los linajes locales y su organización social, política y económica jugaron un papel central que dio lugar a diversos perfiles socioétnicos, culturales y económicos en el vasto territorio de la Nueva España. Así, por vez primera, El cura, los indios y el poder. estudia a fondo el papel del clero secular y los linajes mazahuas y otomíes en la creación del complejo perfil del poblado de Atlacomulco, Estado de México -incluidos sus claroscuros-, mediante una copiosa documentación histórica proveniente del Archivo Municipal de Ixtlahuaca, el Archivo de Notarías de Toluca y el Archivo General de la Nación. Muchas preguntas sobre ese poblado tendrán aquí un sólido sustento para su respuesta.
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